En agosto de 1971, diecisiete jugadoras argentinas viajaron a México para disputar un Mundial de fútbol femenino que la FIFA no reconocía. No tenían cuerpo técnico completo, ni indumentaria adecuada, ni apoyo económico. Tenían, en cambio, una convicción enorme: querían jugar.
El 21 de agosto de ese año, en el Estadio Azteca, la Argentina venció 4 a 1 a Inglaterra. Los cuatro goles fueron de Elba Selva. Quince años antes de que Maradona hiciera historia en ese mismo escenario frente al mismo rival, ellas ya lo habían hecho.
Una historia que tardó en contarse
Durante décadas, aquella hazaña quedó fuera de los relatos oficiales. Las protagonistas volvieron al país sin recibimientos y con la certeza de que nadie iba a recordar lo que habían logrado. Recién mucho tiempo después, gracias al trabajo de periodistas, investigadoras y de las propias jugadoras, la historia volvió a la luz.
Hoy, el 21 de agosto es el Día de la Futbolista Argentina, establecido por ley. Una fecha que repara una deuda y que recuerda que el deporte también se escribe desde los márgenes.
Ellas jugaron cuando nadie miraba. Gracias a eso, hoy miramos.
Del potrero a los contratos
El fútbol femenino argentino vivió en los últimos años un crecimiento sostenido. En 2019 llegaron los primeros contratos profesionales en la primera división, un paso impulsado por el reclamo de las propias futbolistas. La selección volvió a los Mundiales, las transmisiones se multiplicaron y los clubes comenzaron a invertir en categorías formativas.
El camino todavía es largo: salarios, infraestructura y visibilidad siguen siendo temas pendientes. Pero el cambio cultural ya está en marcha, y se nota en cada plaza donde una nena pide la pelota sin pedir permiso.
Más allá del fútbol
La historia de las pioneras dialoga con la de tantas deportistas argentinas que abrieron puertas: atletas, nadadoras, tenistas, jugadoras de hockey y de vóley que compitieron con menos recursos y más obstáculos. Cada una de ellas dejó un mensaje claro para las que vinieron después.
Las pioneras también hacen historia. A veces, la hacen primero.